La ópera prima de Gabriel Ramos retoma el corrido de Rosita Alvírez para llevar al presente una historia sobre violencia de género, mientras pone en el mapa al talento cinematográfico de Coahuila.
Hay historias que forman parte de la identidad de un lugar y que, con el paso del tiempo, encuentran nuevas formas de ser contadas. Ese es el caso de El Desaire, la ópera prima del director Gabriel Ramos, que toma como inspiración uno de los relatos más conocidos de Coahuila: el corrido de Rosita Alvírez.
La película traslada esta historia a la actualidad para hablar de celos, acoso, actitudes posesivas y distintas formas de violencia de género, pero también para mostrar el talento cinematográfico que existe en el norte del país.

Una Rosita del presente
La cinta sigue a Rosa, interpretada por Vico Escorcia, una joven que trabaja vendiendo flores mientras busca continuar con sus estudios y alcanzar su sueño de convertirse en abogada.
Su vida comienza a complicarse cuando queda atrapada entre los celos y las actitudes posesivas de su novio, Juan, y el acoso de Héctor, un cliente de la florería.
A partir de esta situación, El Desaire plantea una reflexión sobre aquellas conductas que pueden llegar a normalizarse y que, poco a poco, pueden convertirse en distintas expresiones de violencia.
Del corrido de Rosita Alvírez al cine
La película encuentra su punto de partida en el famoso corrido de Rosita Alvírez, una canción profundamente arraigada en la cultura popular de Coahuila.
El relato original cuenta la historia de una joven que es asesinada después de rechazar a un hombre que quería bailar con ella. Gabriel Ramos retoma este referente cultural y lo lleva al contexto actual, buscando observar desde otra perspectiva las señales y comportamientos relacionados con la violencia de género.
De esta manera, la película no pretende solamente contar nuevamente una historia conocida, sino generar una conversación a partir de ella.
Saltillo, protagonista detrás de cámaras

Uno de los elementos que distingue a El Desaire es su relación con Saltillo, ciudad donde nació el proyecto y donde se realizó gran parte de la filmación.
La película aprovecha distintos espacios de la ciudad, entre ellos su Centro Histórico, arquitectura y Catedral, convirtiendo a Saltillo en mucho más que un escenario.
De acuerdo con Gabriel Ramos, alrededor del 99% del crew estuvo conformado por talento de la región, con algunas personas provenientes de Monterrey y únicamente dos integrantes de Ciudad de México.
La producción representa así una muestra del talento que existe fuera de los principales centros tradicionales de producción cinematográfica en México.
Un elenco que construyó sus personajes
Vico Escorcia encabeza el reparto como Rosa, acompañada por Joshua Okamoto y Guillermo Alonso, además de Karen Martí, Irene Arcila y Gabriela de la Garza.

Para la construcción de los personajes, el equipo realizó distintas lecturas y conversaciones alrededor del guion, permitiendo que los actores también aportaran sus propias experiencias al proceso creativo.
Detrás de cámaras, Gabriel Ramos dirige y participa en el guion junto a Alba Garza, Elena Barbosa y Jorge Sarmiento. La fotografía está a cargo de Juansa Ávalos, mientras que Arturo Rodríguez compone la música.
Una invitación a descubrir el cine que se hace en el norte
El Desaire también representa una oportunidad para conocer las historias y voces que están surgiendo desde el norte de México.
Su llegada a las salas plantea una invitación a apoyar el cine mexicano no solamente hablando de sus producciones, sino también ocupando una butaca y permitiendo que nuevas propuestas encuentren a su público.
El Desaire ya se encuentra en cines de México desde el 3 de septiembre, con una historia que recupera un relato tradicional de Coahuila para mirarlo desde el presente.

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